
El alma de los días enfermos y azules,
sin cosas en las manos, sangre interna regando los campos
el culpable irresponsable del idealismo general,
que de a pocos nos fue llevando, nos fue matando,
que en sus cartas más fúnebres nos daba agua,
nos daba vida,
ese de aquel, que las horas de las noches perdidas,
el licor verde de los vientos del sur, nos helaba las manos
el corazón, y vomitando cadáveres en las esquinas, nos sonreía feliz.
Se fue metiendo entre los frágiles cimientos de mi mente
analizando el sentido propio de mi inexistencia...
Y me volví loco.
Loco, como los carnavales chovinistas,
loco, como el día de mi muerte
loco, como el lunar pegado en tu rostro
loco, como las horas sentidas de los túnicas negras
loco, como la retórica tesis siniestrada de mi alma
loco, como el filosofo alemán de los libros escasos
loco, como la canción argentina...
Loco, como loco, y loco me quedo porque estoy loco
porque ciertamente nadie entiende mi locura,
porque estoy loco, y nadie me habla, porque estoy loco
porque loco soy, y no necesito tu pena,
¿Porqué?, porque soy poco loco para la loca que eres tú.