viernes, 5 de febrero de 2010

Desterrado


Preciado, presumido, y, arruinado

inquieto en la tumba , sepultado en horas

los minutos y segundos no bastan para mandar su cuerpo,

hacia lo infinito, de los incesantes años


Lo alto y lo bajo, te hace sentir bien, y eso es bueno

los precios, desbaratados en almas penantes

las almas quietas, en los campos de piernas

las perras dulces, aquellas de las calles perdidas


Mis balcones desterrados de miseria, lo sucio de la ropa íntima

y Ud, abierta de piernas; los amigos invisibles del bar inexistente

el café de las dos de la mañana, y si tienes algo que pedir,

sólo buscame, en los abrazos fantasmas, de las antros de Lima.


Y si quiero dejarla satisfecha, solo tienes que llamarme,

que con gusto iré, a amarla de noche, de día, y de tarde,

no tan tarde como quiero, pero si tanto como gustas.


Y de no creer Ud en lo que digo, deja sentado por escrito

que el hombre que aquí le escribe, el que está allá, al otro lado de su rostro

al que beso, al que abrazo, no pide más, que Ud lo mire

aunque ni para eso, él, ya sirva.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Las entradas del recuerdo


Escalas de mayor a menor


las notas del silencio, invadían el callejón


las luces de los huecos fosforecentes, destellaban


los animales, con los ojos rojos en el fondo de la guerra.




Mi amiga, la hepatitis, los síntomas de dos meses


y los besos solemnes de la abuela


los pollos degollados, los caldos resucitadores


los caramelos y los días sin horas que lentos pasaban.




La agria sensaciòn de ser comido, por otra


la imagen de los discos flotantes entre los días felices


los dibujos de senos y penes, en los cuadernos de mi compañero


las bromas pesadas, en el mismo sitio de las miradas




Las lindas opciones, las inmaduras niñas de las faldas cortas


las fiestas, el humo, y sus labios, el billar


los felices y tristes augurios de la sensaciòn tremprana de estar muerto


de una sensaciòn que no duraría, hasta mañana




Los brasieres rosas, mis entradas y salidas


y el preciosos aire, que aunque no conocía todo


todo, era lo que limpiaba, y secaba, y volvía encima de tanto tiempo


solo, para enseñarme como se le hace el amor a una mujer.




Mis años, y los que quedaron, son pocos, no son nada


sonrisas, y más risas, para ella


la mujer parada en donde, nadie, puede decirme que hacer


el trono sensacional, al que me acostumbré, y del cual me hice dueño.




En prados, en ríos, en lluvia, ¿En dónde?


se quedaron todos pensando, y conversando en vos baja,


ella acostada era la única que dormía, entre tanto estúpido barrullo


y lo estúpido, se hizo amargo...




Para que con el ultimo esfuerzo, se hiciera epitafio...triste y solo...sin sus labios.